sábado, junio 09, 2007

¡Mabel en flickr!


Pues felizmente Mabel ha decidido abrir su cuenta en flickr. Espero que se anime a compartir muchas de sus fotos con todos nosotros. ¡Albricias!

Por lo pronto, ha subido algunas de las fotos que tomamos el día de hoy (y algunas que estaban atrasadas, aguardando).

martes, junio 05, 2007

Desfile militar español

El domingo tuvo lugar en León el desfile de las fuerzas armadas españolas, con la presencia de los reyes.

Me parece interesante que el personaje más popular de los que desfilaron fue la famosa cabra de la legión extranjera.

En lo personal, lo más rescatable fue la exhibición de los avioncitos, y el paso de los reyes a unos cuantos metros de mí (si bien del otro lado de una ventanilla blindada).

Fotos de los avioncitos en flickr.

martes, mayo 22, 2007

Cuevas blandas

Esos diálogos nocturnos son tan ilustrativos para mí...

Brunito: ¿qué es esto? ¿Una cueva?

Yo: sí, es una cueva blanda.

Brunito: ¿una cueva blanda? ¿Del monstruo blando?

Yo: sí, la cueva blanda del monstruo blando.

Brunito: ¡no, es una cobija!

jueves, mayo 17, 2007

¿Por que no te has ido?

Suponiendo que Sofía y Brunito ya dormían (por fin, quiero decir), comienzo a levantarme.

Brunito: ¡no te vayas!

Yo (susurrando): bueno, bueno.


...

Vuelvo a intentarlo.

Brunito: ¡no te vayas!

Yo: no, no te preocupes.


...

Brunito: ¿estás ahí?

Yo: sí.

Brunito: ¿y por qué?

Yo: um... ¡por que tú me lo pediste!


...

Brunito: ¿por qué no te has ido?

Yo: ¡joder, macho: tú me ordenaste que me quedara!


...

Finalmente se durmió.

lunes, mayo 07, 2007

¿En dónde vivíamos?

Mabel: ¿Cuál es el planeta más cercano al Sol, Brunito?

Brunito: ¡Mercurio, mami!

Yo: ¿Y luego, cuál sigue?

Brunito: Eh... Saturno.

Mabel: No, es Venus.

Yo: ¿Y luego?

Yo mismo: ¡La Tierra!

Sofía y Brunito: ¡La Tierra, la Tierra!

Sofía: Ahí es donde vivíamos antes, ¿verdad?

domingo, abril 29, 2007

¿Sufres mucho?

Me fue preguntado si sufro mucho. ¿Qué responder? Pues que no, por supuesto. Y es que realmente no sufro mucho; lo que ocurre es que mi pequeño sufrimiento no lo sufro por los canales habituales.

La primera causa de sufrimiento: la inefabilidad del mismo. ¿Y cómo describir el sufrimiento si no puedo siquiera entender cómo me siento? Y vamos: me parece que mi pequeño sufrimiento es en general importante para otros sólo en la medida en que es patente y un factor de incomodidad.

La segunda causa del sufrimiento: el carácter inercial del ánimo. Ante la falta de estímulos el ánimo tiende a mantenerse en su estado. Y eso, a la larga, se vuelve un estímulo, de los de mal olor.

La tercera causa del sufrimiento: la falsedad del mismo. No se sufre, se cree que se sufre. El sufrimiento es una forma de enraizar en la tierra de la humanidad. Revalida la importancia de los propios sentimientos, humaniza. Así que sufrir es bueno, o lo sería si fuera auténtico. ¿O no? ¡Oh, qué confusión!

Así que a la pregunta (auténtica o no) sobre mi sufrimiento, la mejor respuesta que tengo es «no lo sé». Ces't la vie!

viernes, abril 13, 2007

Mucha sangre

Sofía: Papá, mi amiguita se lastimó una uña y se le cayó hasta aquí (señala un dedo anular suyo, a la mitad de la uña). Y le salió sangre.

Yo: ¿En serio, m'hijita? ¿Le salió mucha sangre?

Sofía: Sí, muchísima sangre. ¿Te digo cuánta sangre le salío?

Yo: ¿Cuánta sangre le salió a tu amiguita del dedo, mi gordita?

Sofía: Mucha: como cien.

Yo: Um... ¿como cien qué, Sofi?

Sofía: Eh... (pausa) pues... ¡como cien sangre!

martes, marzo 20, 2007

Nieve inesperada en León

Pues sucede que ayer por la tarde, cuando nadie la esperaba, llegó nuevamente la nieve. Y nevó durante la noche, y toda la mañana de hoy, y sigue nevando (salvo por breves periodos de sol).

Qué extraño clima el de esta ciudad, de verdad.

Algunas fotos: [http://flickr.com/photos/unna/428267878/], [http://flickr.com/photos/unna/428267203/], [http://flickr.com/photos/unna/428267408/], [http://flickr.com/photos/unna/428266956/], [http://flickr.com/photos/unna/428267616/], [http://flickr.com/photos/unna/428266783/].

domingo, enero 21, 2007

Experimentos narrativos

Pues bien: mi primer intento de escribir algo que exceda las dos páginas. Todavía no tiene argumento a largo plazo, ni personajes. Es un experimento de estilo y un ejercicio de expresión. Bienvenidas serán las críticas.

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Faltaban menos de cien metros para que X llegara a su trabajo cuando escuchó que alguien gritaba a su derecha. Como caminaba solo, y como nadie le rodeaba, supuso que los gritos eran para él.

—Jefe... ¡mi jefe!

Podría decirse que la escena era divertida: al lado de la calle principal un arco de herrería, pintado de blanco, marcaba el inicio de una vereda. Sobre el arco, con letras hechas de varillas dobladas y también pintadas de blanco, las letras: «Sanat rio Santa Isab l». Entre los postes del arco, una cadena (ésta sin pintar) cuya catenaria casi rozaba el suelo. La vereda, no mayor de doscientos metros de largo, conducía a través de un diminuto bosquecillo de castaños al pórtico de un edificio de tres plantas, de fachada gris y tejado rojizo a dos aguas. De no ser por ese techo y las escasas ventanas, el edificio bien podría ser una caja de zapatos gigantesca. A unos cuantos pasos del arco, hacia la calle, estaba X de pié: escuchando atento, sorprendido y con la máquina mental a todo vapor. A otros tantos, hacia el sanatorio, estaba un castaño, muy quieto, lanzándole gritos:

—¡Jefe, jefe!

Estaba claro: uno de los árboles que bordeaban la vereda se esforzaba por llamar su atención. Una actitud notable, sin duda, para tratarse de un árbol. Era eso, o era que X estaba ganándose su pase de entrada a la casa de la risa.

—Jefe, jefe, ¡jefecito!

Dos cosas ocurrieron entonces. Por una parte, X decidió que su mente estaba en perfecto estado, que alguien estaba gastándole una broma, y pesada. Por la otra, casi de inmediato, asomó la cabeza el loco, que se escondía justo detrás del árbol. El alivio y la preocupación se dieron cita al instante en la mente de X. El alivio pudo disfrutar muy poco tiempo de su victoria, pues la preocupación se volvió preponderante cuando el loco salió de su escondite y comenzó a correr hacia él, por la vereda, agitando los brazos y corriendo con un movimiento grotesco de todo el cuerpo. Era como ver a Quasimodo huir de las abejas. Y seguía gritando, ahora a voz en cuello:

—Mi jefe, jefecito: no te vayas. Jefe, espérame tantito.

Y X esperó, aunque no sabía si por decencia, por fascinación morbosa o por mera curiosidad.

—Regálame un eurito, jefe. Es para ir a la ciudad y comprarme una cocacola con el eurito que me des, porque tengo muchas ganas de una cocacola y cuestan como un eurito y si tú... mejor dame dos euritos no te cuesta nada.— Su voz era pastosa, lenta, muy acompasada. Era la voz de alguien que no está enteramente entre nosotros, digámoslo así.

—Joder, macho: qué susto me has dado.

—Dame un eurito, sólo dame un eurito.

—No tengo... eh... no traje cambio.

Así es como X conoció al loco. A esta altura le daba lo mismo la causa, ya se arrepentía de haber esperado.

El loco se quedó quieto, como pensativo. Se quedó como saboreando su decepción, pues al cabo de cinco segundos volvió a la cargada:

—Eres un pijo hijoeputa ya me lo había dicho me madre que... algo de los extraños. Regálame un eurito es para mi cocacola.— Y posó una mano fuerte pero temerosa, de uñas largas y sucias, en el antebrazo derecho de X, que llevaba cada mano apretujando el antebrazo opuesto.

—Que no, que no: no tengo dinero para darte.

—¡Qué me des un puto eurito joder, que no es... dame un eurito porque si no...!

—Te puedo dar medio euro. ¿Lo quieres?

[Un anuncio de nuestros patrocinadores: amiguito(a), ¿ya probaste el whisky «The Famous Grouse» combinado con gaseosa «La Casera»? Si no, te recomiendo que lo hagas, o que busques una combinación equivalente. Todo con exceso, nada con medida. Aliméntate si puedes.]

Pasaron algunos segundos antes de que el loco contestara.

—Sí.

—Pero antes suéltame.

—No porque te vas a ir corriendo.

—No me voy, te prometo que no me voy.

Entonces el loco miró a X a los ojos, y X devolvió la mirada. Pasaron segundos que a X le parecieron eternos, en los que mil cosas le vinieron a la mente. Los ojos del loco eran cavernas. Sus pupilas eran muy dilatadas e inmóviles. Apenas en ese momento X se percató del profundo paisaje del rostro de su interlocutor. Largas y profundas arrugas surcaban su frente y los lados de su boca. Sus cejas no hablaban de ira o desesperación, sino de un inmenso cansancio. La barba parecía de dos o tres días, sin duda hirsuta. Su boca jadeaba, dejando ver a través del hueco que alguna vez ocuparan dos incisivos frontales superiores una lengua inquieta, lo único que se movía en ese rostro raro. Era la mirada de una estatua milenaria. Como tal, poseía ambiguamente la frialdad de la roca y la sabiduría histórica de los pueblos. Los dientes que quedaban estaban manchados, víctimas del sarro.

—Bueno.

El loco soltó a X y éste, fiel a su promesa, llevó la mano al bolsillo, sacó la cartera, la abrió y buscó una moneda de €0,50. La sacó y se la tendió al loco. Éste no hizo nada por tomarla. Esta vez su mirada estaba fija, como hipnotizada, en la cartera. Dijo entonces:

—Mejor dame un eurito. Ya vi que tienes mucho dinero y un eurito no... dame un eurito. ¡Venga, joder, dame un eurito!

—Mira, macho: tienes tres segundos para tomar esta moneda, porque dentro de tres segundos me marcho, con moneda o sin moneda. Uno... dos...

Entonces el loco extendió la mano izquierda hacia la moneda y la tomó con dos dedos, con gran delicadeza, como si estuviera tomando por las alas a una mariposa. La levantó y la puso junto al sol, como si quisiera compañía para éste.

—¡Oye, yo conozco a este tío! Tengo como cinco de estos en una cajita. Y tengo...

—Ese no es «un tío». Es Miguel de Cervantes. Escribió sobre un loco que se creía caballero y se escapó a hacer locuras por el mundo. Ese libro...

—Y también tengo una que tiene uno como círculo con signos, como que un reloj, y otra...

—Debe ser de Portugal. Yo tampoco sé de dónde tomaron el símbolo pero creo...

—...con una como arpa, de las que dicen que tienen los angelitos.

—Sí, esa es de Irlanda. Bueno, ya me voy. Adiós, ¿eh? Hasta ahora.

—No, jefe: pérate tantito. Pérate aquí y te traigo mi cajita de monedas para que me digas más cosas. Pérate tantito.

—No, tronco: tengo que ir a currar, me están esperando.

—Pero es que no me tardo, ni nadita.

Y el loco salió corriendo por la vereda sin esperar más respuesta. Se alejó con sorprendente rapidez dado su andar grotesco, y sin voltear una sola vez se metió por la puerta principal del manicomio.

X se sentía incómodo en extremo. Un debate interno entre la humanidad para esperar y la responsabilidad para marchar. Optó por lo segundo y partió a paso apresurado.

[Y ahora, un mensaje de nuestros patrocinadores: ¿vacío de emociones? ¿Urgido de una potente inyección de emotividad? ¡Pruebe la nueva canción de «Led Zeppelin»: «Babe I'm gonna leave you»! Ahora, con 20% más de contagioso sentimiento. Si con unos alcoholes encima no le saca una lágrima, le devolvemos su dinero.]

Durante toda la mañana X no dejó de pensar en su encuentro con el loco. ¿Qué demonios estaba haciendo un loco afuera del manicomio? ¿Es que ahora podían salir y entrar a placer? ¿Acaso había escapado, sólo para ser recapturado por culpa suya, por haber querido enseñarle sus monedas? De no ser así, ¿qué clase de monstruo podría desentenderse de un loco tan franco huyendo cobardemente? ¿Qué hubiera perdido esperando? ¿Cuán grave hubiera sido esperar, hacer una locura, contagiarse de locura, humanizarse un poco?

América duerme

Mis hermanos americanos (conjunto que no incluye a los gringos, aunque también son americanos) duermen ahora. Plácidamente se dejan transportar por Gaia. Dulce, maternal, ésta gira para llevarlos de nuevo a la presencia del Sol. Morfeo comienza descuidarlos, a dejarlos despertar. Debe proseguir su perpetua marcha hacia el occidente.

Algunos de mis hermanos americanos comienzan a revolverse inquietos, tratando de despertar. Los que lo han logrado han dejado algo en la cama. Quizá un sueño inconcluso, quizá la mitad de sus consciencias, quizá la lucidez. O simplemente un hueco en la almohada, algunos cabellos. Justo ahora mis hermanos americanos caminan tambaleantes hacia el baño. Unos cuantos renegados se negaron a dormir. Trabajan, o leen. O se divierten, hasta el amanecer. Esos hermanos americanos, los conmigo síncronos, son los poros en la piedra del muro del tiempo.

Mis hermanos americanos no lo saben, pero aquí hay uno que hace vigilia cuando ellos duermen. Que pensando en ellos escribe desde el futuro.